Escenas de Ruth Núñez en “La enfermedad de la juventud”

Gracias a Carlos Ceña por facilitarnos el libreto de la representación llevada a cabo en el año 2009.

NO es el libreto de la obra de Ruth, aunque imaginamos que no habrá muchas diferencia. O eso esperamos.

NOTA: la propia Ruth nos confirmó, a la salida del teatro de Chinchilla, que su personaje había sido el de María.

Acto 1º

Escena 1ª, acto 1º: María, Lucy y Desirée.

M.- ¡Lucy, se hace tarde!

L.- (Desde fuera) ¡Ya voy!

M.- ¡Desy, ¿te queda mucho?! (Desy se está secando el pelo y no la oye)

(Entra Lucy con un balde)

M.- Puedes dejarme sola.

L.- ¿Vas a fregar tú?

M.- El viernes celebro una despedida de soltera.

L.- Despedida sin boda.

M.- El titulo es tan importante como una boda.

(Suena fuera un teléfono)

L. ¡El teléfono! Ahora vuelvo. (Sale)

(Entra Desirée)

M.- ¿Qué tal sienta madrugar?

D.- Ayúdame a repasar. Aquí tienes el mamotreto.

M.- ¿Cuándo es tu examen?

D.- A las diez.

M.- Empieza.

D.- El pulmón. ¿Para qué se levantará una tan temprano?

M.- ¿Ya empiezan los nervios?

D.- ¿Nervios? No me hagas reír. Vamos pues… Tuberculosis avanzada con formación de cavernas: la tuberculosis avanzada con formación de cavernas no se distingue fundamentalmente de la tuberculosis progresiva común, puesto que las cavidades solo constituyen una secuela secundaria del proceso de caseificación. Dice Irene que acabará la carrera antes que yo aunque ahora vaya dos cursos por detrás de mí.

M.- ¿Dónde se forman las cavidades?

D.- En el lugar del foco primitivo, en las zonas subapicales de los lóbulos superiores del pulmón… ¡Qué muchacha más repugnante!

M.- Es ambiciosa pero bella.

D.- Esa zorra pelirroja llegará lejos.

M.- Cavidades más pequeñas…

D.- Cavidades más pequeñas se forman ya en una etapa relativamente temprana de la enfermedad. Federico va detrás de esa sirvienta.

M.- ¿Detrás de Lucy?

D.- Le sorprendí cuando se escabullía de su cuarto.

M.- ¡Qué cerdo! (Desirée ríe) Por eso parece tan deprimida desde hace unos días.

D.- Y además cojea.

M.- ¿Lucy cojea?

D.- Cuando una mujer no está a la altura de un hombre y se entrega a él, cambia hasta en su modo de andar. Por miedo, por obligación.

M.- ¿Y tú?

D.- ¡Bah! Hace tiempo que estoy harta de él.

M.- ¡Pero si estabais locamente enamorados!

D.- Cosas del pasado. Fue el primero que me demostró que un hombre sirve para algo. Me llegó hasta la punta de los dedos. Es la pura verdad. Federico no solo es fuerte sino que además tiene talento. Pero hasta de un virtuoso uno se cansa.

M.- Cuando no hay verdadero amor, el hartazgo es inevitable.

D.- ¿Llamas verdadero amor a lo tuyo con Buby?

M.- No lo subestimes.

D.- Siempre he creído que no tiene ni idea de lo que necesita una mujer.

M.- (Sonríe) ¿Qué necesita una mujer?

D.- Solo nosotras, las mujeres, sabemos lo que necesitamos. ¡Marion! Me gusta llamarte Marion, como a mi hermana. Esos fueron los mejores momentos de mi vida, cuando el aya nos daba las buenas noches, apagaba la luz, y se marchaba. Me metía en la cama de Marion y allí nos quedábamos, apretadas una contra la otra, nos besábamos y sentíamos el calor de nuestros cuerpos y sabíamos qué era. ¡Eso, eso era el calor de la vida! Desde mi infancia no volví a sentirlo.

M.- ¡Vamos, yo no soy Marion!

D.- ¿Por qué no podremos seguir siendo niñas toda la vida? Entonces tú no serías María, sino mi dulce Marion.

M.- ¿Te gustaría volver a la infancia?

D.- Añoro lo blando, lo cálido, ese algodón que nos protege.

M.- Yo no. Estoy contenta con el presente.

(Entra Lucy)

L.- Ahora te puedo ayudar.

M.- Trae un paño y algo para limpiar el espejo. (Sale Lucy)

D.- (Ríe) Cambio de mirada entre rivales.

M.- ¡Déjame en paz!

D.- ¿No observaste su mirada? ¿Por qué te matas trabajando?

M.- Quiero celebrar mi despedida en una habitación realmente limpia. Al fin y al cabo una no se licencia todos los días. Terminada la época de estudiante, hay que empezar en serio.

D.- Palabras huecas. Desengáñate.

M.- Cuando se las vive, las palabras dejan de ser huecas.

(Entra Lucy)

L.- Aquí tienes María.

M.- Gracias.

D.- ¿Vendrá hoy Federico?… Pregunto, nada más.

M.- Está quedando precioso, ¿verdad?

L.- Sí.

D.- Eres muy hermosa.

M.- Fíjate, Lucy, cómo brillará esto.

D.- Lo digo en serio, tienes unos ojos muy bonitos.

M.- Lo único que falta es música.

D.- Cualquiera podría enamorarse de ti.

M.- En una despedida de soltera, la música es indispensable.

L.- Yo puedo traer un pequeño equipo de música.

M.- ¡Eres un ángel!

(Sale Lucy, presurosa)

D.- ¡Ánimo, Lucy, en mí tienes una amiga!… ¡Pobre bicho!

M.- Sigamos. ¿Qué sucede con las cavernas mayores?

D.- Las cavernas mayores empeoran el cuadro del diagnóstico porque forman depósitos de pus… ¿Has visto cómo cojea?’

M.- ¿Los síntomas?

D.- Como síntomas de las cavernas, aunque casi nunca se presentan simultáneamente, se consideran: a) percusión, primero; resonancia timpánica, segundo; sonido metálico.

M.- ¿Éste último cuándo?

D.- Solo cuando la pared de la caverna sea lisa y tensa.

M.- Tener demasiado talento es una enfermedad. Para que el estudio nos divierta hay que matarse trabajando.

D.- Si pudiera escaparme del aula como huí de casa cuando tenía diecisiete años, todo sería más llevadero. Aunque en el aula estuviera sentado un padre severo que castiga los pecados con la fusta al tiempo que una pobre mamá indefensa llora a lágrima viva mientras se coloca el collar de perlas porque tiene que salir a toda prisa para el baile. ¡Si una pudiera volver a vivir todo eso! Solo la infancia es digna de ser vivida.

M.- Yo no quisiera volver a mi infancia. Mis padres se odiaban.

D.- Como los míos. Pero, Marion, también eso es divertido mientras uno es pequeño. Solo más tarde aprendemos a ver con claridad. Todos los seres humanos deberían matarse de un balazo al cumplir los diecisiete años. (María ríe) Después no hay mas que decepciones, y yo me escapé para eludirlas. Salí de casa con medias de seda. Una gabardina y los bolsillos vacíos. De modo que tú todo te lo has ganado a pulso: tus estudios, tus vestidos, tu habitación, tu amante…. ¿Por qué te esfuerza tanto?

M.- Yo encuentro hermoso lo que a ti te parece superfluo. Esa es la diferencia.

(Entra Lucy con una carta)

L.- Un señor ha traído esto. Espera afuera.

D.- ¿Me has oído, Lucy? Eres muy hermosa, no te dejes pisotear.

M.- (Ha leído la carta) ¡Rápido! No quiero que Buby le encuentre.

(Salen María y Lucy)

D.- (Tomando la carta) Una factura. ¡Así que Marion contrae deudas! (Entra en su habitación y vuelve con unos billetes que mete en el sobre)

M.- (Que vuelve alegre) Me libré de él. Le he comprado a Buby un escritorio barroco porque cree que en él puede escribir cosas más bellas.

D.- (Suelta una carcajada) Eres una idiota.

M.- (Descubriendo los billetes) ¿Tuyos?

D.- (La abraza impetuosa) ¡Mi querida Marion!

M.- No te lo acepto.

D.- Eres una idota. ¿Por qué? ¿Por qué estás enamorada de un hombre? Yo tengo que cuidar de ti.

M.- Estás loca.

D.- Loca por ti.

M.- ¡Suéltame!

D.- Solo nosotras, las mujeres, podemos ayudarnos unas a otras.

M.- ¡Suéltame, te digo!

D.- No te suelto, no te dejo. Solo si me prometes…

M.- (La rechaza) ¡No hablemos más de eso!

D.- ¡Marion!

M.- Te compadezco. (Se sienta y sigue cosiendo en el vestido) El segundo síntoma de la percusión, pues: sonido metálico, ¿y el tercero? (Desirée la mira y luego se dirige a su cuarto) Tu dinero, Desy.

(Desirée recoge su dinero y el libro. Se retira)

M.- (Va hacia la puerta) Debería darte vergüenza. ¡Ábreme! No quería hacerte daño. ¡Ábreme, Desy!
Escena 2ª, acto I: María, Federico, Desirée.

M.- (Nerviosa) ¿Tú?

F.- Tengo que ver a Desy. La otra puerta está cerrada.

M.- Ésta también.

F.- ¡No me digas!

M.- No te metas donde no te llaman. Nunca me has gustado, Federico. Prefiero ser franca.

F.- ¿El vestido para la promoción? Te felicito. (María no responde) En cinco años de estudio has logrado más que yo en diez. Sin embargo, algo tenemos en común.

M.- ¡Atleta!

F.- (Ríe) Los bárbaros del siglo XX, se preguntaba Nietzsche con toda razón. Aquí tienes uno.

M.- ¡Exhíbete en la feria!

F.- ¿Qué sería de la vida sin el hombre dominador?

M.- ¡Ahórcate!

F.- Tarde o temprano me llamarás.

M.- ¿De mañana y ya borracho?

F.- ¿Por qué no?

M.- ¡Atleta!

F.- De mi nadie se escapa. Pregúntale a Desy.

M.- Ella te desprecia.

F.- Pero no en la cama, querida.

M.- ¿Cómo te atreves?

F.- Deja que Bubi se vaya con Irene.

M.- ¿Irene?

F.- Esa cerdita estéril.

M.- ¿Con qué derecho llamas Bubbi a Otto?

F.- Me resulta muy simpático.

M.- Nadie ha pedido tu opinión.

F.- Es un soñador, un delicioso inútil. En el erotismo de cualquier mujer, él despierta la líbido.

M.- ¿Tienes algo más que decirme?

F.- Tengo comprensión para todo (Saca una botella) Felicidades.

M.- (Nerviosa) No era necesario.

F.- Exactamente. ¿Para qué necesitamos médicos en esta época ruin? Cuanto más destructora es la enfermedad, tanto más superfluos son los médicos. Sin embargo, tú has luchado para salir adelante… y también para ayudar a Buby. Aunque contra la desesperanza hay algo mejor que el trabajo.

M.- No creo que seas el más indicado para dar consejos.

F.- ¡Rebelarse! ¡Ser agresivo! Eso ayuda a superar todos los obstáculos. ¿Por qué no me aguantas?

M.- En eso no te equivocas.

F.- Esto es casi peligroso. (María ríe) Es peligroso odiar a alguien con tal intensidad.

M.- No te odio.

F.- Eso lo veremos.

M.- Eres un estúpido engreído.

F.- Por supuesto.

(Entra Desirée)

M.- Te acompaño hasta la universidad.

F.- ¿La señora condesa tiene examen?

D.- ¿Y a ti qué te pasa?

M.- Me llevo la chaqueta.

D.- ¡De mañana y ya apesta a alcohol!

F.- Me dejaste tirado.

D.- El consuelo no estaba lejos.

F.- El consuelo no vale gran cosa.

D.- ¿Me echas un poco de menos?

F.- A ti no se te olvida ningún hombre.

M.- (Impaciente) ¿Vienes o te quedas?

D.- (Ríe) ¡Por amor de Dios!

(Salen Desirée y María)
Escena 7ª, acto I: Alt, María, Irene, Petrell y Federico.

M.- ¿Alt? ¡Qué bien!

A.- Aquí está María.

F.- ¡Viva María!

P.- (En voz baja) ¿Es verdad lo que ha dicho Federico?

I.- ¡Cállate… ahora!

P.- ¿Está enamorada de mi?

I.- ¡Cállate!

A.- ¿Y Desirée?

I.- Por supuesto, aprueba con matricula, ¿verdad?

M.- La dejé haciendo el examen.

F.- No aprobar sería para ella, de todos modos, una buena noticia.

M.- ¿Por qué tan callado Buby? (se acerca a él)

I.- Lo de Desirée pesa sobre tu conciencia (A Federico)

A.- Algo hay que hacer en la vida.

I.- No se puede entrar en el quirófano con medias de seda.

F.- ¿Por qué no?

P.- Gracias por el escritorio.

M.- ¿Cuándo lo han traído?

P.- Esta mañana. Aún estabas durmiendo.

M.- Es bonito, ¿verdad?

P.- Muy bonito.

M.- ¿Estás contento?

P.- Hasta demasiado bonito.

M.- Ya te acostumbrarás.

P.- Sí.

M.- ¿Estás preocupado por algo?

P.- ¿?

M.- Escucha.

P.- ¿Qué quieres?

M.- ¿Por qué estás tan hosco?

P.- No pasa nada.

M.- ¡Habla de una vez!

P.- (Violento) ¡No me interrogues! ¿Vale?

M.- Te encuentro cómico.

P.- ¡Me hablas como mi madre!

M.- (Se ríe) ¡Vamos!

P.- Ya tuve bastante con mi madre.

M.- ¿Estás de mal humor?

P.- ¡Niño mimado de su amante… esto es el colmo!

I.- ¿Estorbamos?

F.- ¡Qué ocurrencia!

I.- Si queréis, podemos irnos.

F.- (Estalla) ¡Thalatta, thalatta!

M.- ¿Qué?

F.- ¡Thalatta, thalatta!

A.- Déjalo que se divierta.

F.- Es el grito de guerra de los griegos.

I.- Muy gracioso.

F.- Comienza la lucha.

M.- Delirium tremens.

F.- ¡Ocupen posiciones, con Bubi en el centro!

M.- ¡Déjate de tonterías!

F.- (A Irene) Vamos, pequeña, tienes que colaborar.

I.- ¡Cállate!

M.- ¿Qué es esto?

F.- Permítanme que les presente: a mi derecha (por Irene), la aspirante al corazón de Bubi.

M.- ¿Pero qué dice?

A.- ¡Está borracho!

F.- Habría que darle unos buenos azotes a esa muñeca estéril.

I.- No tengo por qué seguir aguantando a este majadero. (Sale con violencia)

F.- (Ríe)

M.- ¿Oa habéis vuelto locos?

P.- No se puede ir así (Sale deprisa)

M.- (Sorprendida) Pero… (Federico silba por lo bajo) ¿Qué ocurre aquí? (Sale)

A.- ¡Estarás contento!

F.- (Lo mira) Tú le caes más simpático (Sale)

M.- (Entra. Ríe) ¿Me lo puedes explicar?

A.- Siéntate a mi lado. (Ella lo mira con asombro) Ven.

M.- Voy a buscarlos (Coge el bolso y la chaqueta)

A.- Es inútil.

M.- No te comprendo.

A.- Déjalos que corran a donde quieran.

M.- Estarán en la calle.

A.- Tal vez también corren por la calle. (La tensión de María disminuye rápidamente) Ven, siéntate. Deja el bolso en la mesa. (Ella lo hace mecánicamente) La chaqueta también.

M.- (Se sienta. Pausa) Son imaginaciones.

A.- Ponte cómoda. Tenemos tiempo.

M.- Es demasiado insignificante para eso.

A.- Lo importante no es nunca causa de nuestra ruina.

M.- ¡Todo esto no puede ser verdad!

A.- Me echaron del hospital por darle morfina a un niño que iba a morir. Abrevié su agonía. Sufría tanto que le dí morfina en lugar de alcanfor. ¿Me escuchas?

M.- Morfina en lugar de alcanfor.

A.- Mi vida quedó deshecha, pero volvería a hacerlo. ¿Me entiendes?

M.- Volverías a hacerlo.

A.- Volvería a hacerlo.

M.- Volverías a hacerlo (Ríe) No, esto es una broma. (Alt la mira) Dime que no va en serio.

A.- Nada es serio en un muchacho como Petrell.

M.- ¿Debo arrancarlo de golpe de mi corazón?

A.- Me condenaron por homicidio por negligencia. Dos años en la cárcel. Tú habrías hecho lo mismo.

M.- ¿Cómo?

A.- Nuestra legislación penal es de locura.

M.- Me volveré loca.

A.- Vivimos de acuerdo con principios atrasados. Y no lo comprendemos. ¿Me escuchas?

M.- No lo comprendemos.

A.- No lo comprendemos.

M.- No lo comprendemos. (Risas) Ahora estarán juntos.

A.- Debemos volver en sí.

M.- Volver en sí.

A.- Despertar. Aferrase a otros seres humanos es una muestra de debilidad.

M.- Vivir con Federico es una muestra de fortaleza.

A.- Con plena conciencia de su yo.

M.- Con plena conciencia (Se ríe) Gimnasia rítmica. Estamos locos los dos.

A.- Ahora estás entrando en razón.

M.- Ahora estoy entrando en razón.

A.- Bórralo completamente de tu memoria.

M.- ¿Para convertirme en un animal, como Federico?

A.- Federico no es ningún animal.

M.- Un criminal.

A.- ¿No lo soy yo también?

M.- (Asombrada) ¿Tú…? Esa mujer está con él…

A.- Con él.

M.- ¿Con él? (Empieza a reír, con una risa que se torna cada vez más violenta) Y yo hace apenas una hora, estaba fregando el suelo de la habitación. ¿Para quién lo hice? Parece mentira. ¡Ríete conmigo! (Toma la botella que tiene delante y la arroja contra el espejo) Se acabó la habitación reluciente. Ahora es una pocilga. Vivimos en una pocilga. ¡Ríete conmigo!

A.- (Frenético) ¡Me río contigo!

M.- Vivimos en una pocilga.

A.- Vivimos en una pocilga.

M.- Hasta ahora, yo viví soñando. Idiota. Idiota. En la pocilga. ¡Ríete conmigo! Una idiota en la pocilga. Una idiota en la pocilga. ¡Ay, no te he oído reír! (Se desploma. Alt la sostiene y le acaricia el cabello)

Fin del primer acto.

Segundo acto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *